Los elefantes son seres complejos y extraordinarios cuyo instinto de supervivencia depende de su sensibilidad y cognición.
Poseen curiosidad innata, empatía profunda y una autoconsciencia excepcional que les permite procesar el mundo con una intensidad poco común para un animal.
La obediencia ciega es una imposibilidad biológica y su mente no está programada para la sumisión jerárquica. No aprenden por repetición, necesitan encontrar la lógica de un propósito o la solidez de un vínculo para mover sus más de 6 toneladas.
No es de extrañar que la única manera de someterlos sea quebrar su voluntad, infundiéndoles miedo e inflingiéndoles castigos. A este proceso de doma, se le llama Phajaan, que puede traducirse del tailandés como “romper el espíritu”.
MeleBhant es ese último aliento, en el que el elefante recuerda su fortaleza, su esencia e identidad y se reconoce a sí mismo, antes de que su alma sea completamente fragmentada.
MeleBhant es un barrito desgarrador y profundo que le impulsa a revbelarse y emanciparse de su propia esclavitud mental. De la cadena invisible que le ata, sin más fuerza que su propia indefensión aprendida.
MeleBhant es un retumbo. Una frecuencia sorda e invisible para muchos, pero vibrante y clara para aquellos que sienten la vida con intensidad.